Arañas, calabazas con agujeros, extraños sombreros, todo de plástico, comprado en el chino y posteriormente colocado sobre personas tuneadas en blanco, negro y sangre es el paisaje que se conforma desde hace unos pocos años, en este mi Pueblo Grande, la última noche de octubre y confieso que me produce un cierto grado de, vamos a decir, “enfadada comezón”.
Para alejarme de “ella”, ya que el grado es alto, podría charlar al borde del agua con los pies descalzos, podría... pero lo que sí que puedo es, disfrutar una y otra vez de esta exquisita esencia sonora que tenemos hoy. Dos voces en un maravilloso dúo capaces de disipar cualquier “enfada comezón”.