Nueva entrega de "El payo de la memoria" con Mertxe García Garmilla."Y más en tal valle
Este niñito rubio, en pie delante de un montón de gavillas, está lanzando una protesta, y podría ser un símbolo de la agricultura en nuestro país: ¿cómo no va a clamar a voz en grito, si le han dejado en pañales y con un bote de talco en la mano para que se calme él mismo las escoceduras? Lo mismito que el agro ibérico. Como un Cupido expoliado que ya no dispone de flechas con las que alcanzar el corazón de las autoridades competentes, el niño adivina lo que va a suceder en el valle.
Y es que, los que tenemos ya unos añitos, recordamos un vergel lleno de frutales, huertas de regadío y fértiles campos de secano. Recuerdo sobre todo el mes de julio y todo aquel trajín de gente que iba y venía, atareada con la recogida de la cereza, la siega de los cereales, el trabajo de arrancar las legumbres, la trilla en las eras… Traían las cosechas en carros tirados por bueyes, o en burros, a los que solo se les veían las orejas y el hocico, porque iban sepultados bajo un ramaje de habas, yeros o garbanzos. Otras veces, estos sufridos animales aguantaban como podían las cajas de cerezas que les habían colocado a los lados y encima del lomo, como pirámides, y mantenían con gran mérito el equilibrio sobre sus pequeñas pezuñas que resbalaban contra las piedras. También sus dueños trabajaban todo el día, de sol a sol, con los pies clavados en los travesaños de las escaleras y el cuerpo estirado para alcanzar bien las ramas y recoger el fruto con delicadeza. El cansancio se reflejaba en sus rostros cuando, al anochecer, rodeados de cajas de cerezas esperaban en la carretera a los camiones que se las llevarían. La alegría por la tarea terminada se convertía en gesto de resignación cuando echaban cuentas y veían lo poco que les pagaban por tanto trabajo y por aquella fruta, que era de una calidad excelente.
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