Llega siempre de Poniente y a medida que avanza crece y crece levantándose del suelo cada vez con más fuerza. Sube, baja, sopla a ras y de nuevo crece.
Viento sonoro de ondas nacido en dos profundas gargantas que posee la fuerza de un dios y con ella nos envuelve y nos arrastra hacia el fondo de un inmenso remolino que de pronto abre ante nosotros y nos atrapa, y nos hace girar y girar, dejándonos caer en un brillante pozo harmonioso repleto de espuma sonara. Viento que de nuevo gime, que habla, que se disipa, que se lamenta. Remolino de luces y de sombras, de alegrías y de lamentos.
No se asusten, es Céfiro, Dios del Viento, intentando borrar con su sonido la eterna huella de sangre de un amor no correspondido.