Personas que pensaron que en una biblioteca, grande, enorme, quizá gigantesca, además de haber luz y estanterías y libros también debería de haber piedras, si, piedras. Y piedras pusieron. Grandes, algunas de ellas enormes.
Asomando desnudas en las paredes o bien apoyadas sobre estanterías no repletas de libros, parecen amenazar a quien se atreva a tocar tan solo uno de ellos. En esta biblioteca, con más piedras que personas, es muy difícil escuchar el sonido de hojas moviendo el silencio ya que son pocos los que hasta allí llegan, porque las personas que pensaron en esta biblioteca nunca terminaron el camino que hasta ella alcanza. Y así quedó, con piedras, pocos libros y sin apenas gente… Desesperante, real.
Me gustaría blandir frente a esas personas que pensaron estos sables enloquecidos y sonoros que hoy vienen con nosotros y hacerles, por un momento, sentir vergüenza… pero dudo mucho, mucho, que recuerden que es.
PD.: Este despropósito, se levanta en la ciudad que está al final del Camino.