Valencia Basket acertó con su comunicado de anoche denunciando insultos racistas y violencia verbal reiterada hacia el club y su entrenador, Pedro Martínez, que además impidieron por que pudiera hacer la comparecencia post partido para la televisión. Una puñetera vergüenza. Este tipo de escenas dañan a la competición, no deberían producirse en un pabellón de baloncesto y merecen una sanción ejemplar que veremos si la Euroliga, muy flojita cuando se trata de determinados países y propietarios, se atreve a imponer. Valencia Basket, su entrenador, sus jugadores, su afición, sus dirigentes merecen otro trato y mucho más respeto. Euroliga no puede seguir de brazos cruzados con los de siempre.