Muy a menudo utilizamos la espiritualidad como un analgésico para huir de lo que nos resulta doloroso, como si esa acción no tuviera consecuencias o los efectos secundarios fueran mínimos. La relación de pareja, en este sentido, no está exenta: también podemos tratar de evadir los problemas de pareja a través de la espiritualidad.
La evasión o bypass espiritual es un término usado por primera vez por el psicólogo John Welwood en 1984, y consiste en usar nuestras prácticas y/o creencias espirituales para evitar la confrontación con:
Cosas que nos incomodan.
Heridas no resueltas.
Necesidades emocionales que son fundamentales.
La evasión espiritual en la pareja
Decía Mecano en una vieja canción que “Amar es el empiece de la palabra amargura”
Solo hay que escuchar cualquier canción romántica o cualquier bolero, para darnos cuenta de que asociamos amor y amargura con mucha más frecuencia de la que nos gustaría.
¿Por qué ocurre esto?
Porque nuestras relaciones amorosas son el escenario de los conflictos donde surgen sentimientos dolorosos cada vez que nos sentimos atrapados en algún tipo de enredo y amenaza.
La pareja es el mayor de los espejos donde se reflejan nuestras mayores cualidades, pero también nuestras sombras más profundas.
Como nuestra tendencia suele ser la de mostrar poca tolerancia para enfrentarnos al dolor, en lugar de eso preferimos buscar soluciones que lo calmen o lo hagan desaparecer.
Y esto lo hacemos sin dudarlo, como si ocultar un síntoma doloroso fuera lo más natural. Cuando en realidad éste tiene la función de brindarnos un mensaje significativo
En este sentido, y tal vez sin darnos cuenta, utilizamos la espiritualidad como un medio para ocultar eso que nos resulta doloroso.
Sin embargo, todo sufrimiento en nuestra relación de pareja merece nuestra más profunda observación.
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¿Qué podemos hacer para no caer en la evasión espiritual?
- El primer paso es reconocer y familiarizarnos con nuestra tendencia a evadirnos de los problemas de la pareja.
- El segundo paso es profundizar en los problemas hasta llegar al miedo que subyace en el núcleo de los conflictos.
- El tercer paso es descubrir y cultivar una intimidad que nos permita:
* Conectarnos con nuestra pareja sin llegar a esa fusión total.
* Mantenernos la propia individualidad sin romper el vínculo entre ambos.
El cultivo de la intimidad en la relación de pareja, enfrentando los obstáculos como parte del camino de abrir el corazón y del aprender a amar, nos abre la puerta a una honda libertad.
Escrito por:Francisco Javier Gutiérrez
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