A vosotros, queridos hermanos y queridas hermanas:
Nuestra Conciencia es la linfa que Cristo ha infundido en nuestros Espíritus, despertados en el tiempo del retorno de Aquél que nos Amó y nos Ama.
Su genética la hemos protegido, y la luz que santifica el Espíritu en la Inmortalidad resplandece como siempre, en el triunfo de la Eternidad.
La certeza de ser los brotes de una Raíz fecunda de Vida, de Paz de Amor y de Justicia, nos concede la inmensa, incomparable alegría de poder decir:
SOMOS SIEMPRE NOSOTROS, LOS HIJOS DE DIOS. LOS FRUCTIFICADORES DEL PRIMER ÁRBOL DE LA VIDA EN EL MUNDO. SOMOS LA SAL Y LA LEVADURA DEL AMOR, Y DE AQUÉL QUE ES EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.
SOMOS LOS CAMINANTES DE LA SUPREMA INTELIGENCIA,
A FIN DE QUE QUEDE LA HUELLA IMBORRABLE DE LA DIVINA POTENCIA DEL CREADOR Y DE SU PATERNA AMABILIDAD.
HEMOS NACIDO DE LA LUZ, SOMOS LOS SÚBDITOS DE SU REINO, SOMOS UNA ÚNICA COSA CON SU ESPÍRITU CREANTE. SOMOS LOS QUERUBINES HECHOS CARNE Y SANGRE.
SOMOS LA PALABRA, LA FUERZA Y EL ALMA DEL COSMOS, SOMOS LA ETERNA EXPRESIÓN DEL AMOR CREANTE LA EMANACIÓN DE LA IDEA CREATIVA LA SOLAR BELLEZA DEL INFINITO.
Eugenio Siragusa