El campo santo muestra una aparente tranquilidad y el silencio solo deja escuchar el canto de los pájaros y alguna que otra racha de brisa suave que mueve la copa de los pinos, esos de la parte de atrás del cementerio, que ha crecido como mismo crece la población de la ciudad de Las Tunas, porque ya han pasado más de 150 años desde su construcción.
Los sepulcros van desde los más pomposos hasta los más humildes, cual reflejo de las familias a los que pertenecen, por lo menos en la parte más antigua del lugar, donde se erige el cementerio en su parte más nueva. Mas así y todo, en sus más de cuatro hectáreas siempre es apacible pero tenebroso porque la muerte impone respeto, aunque para algunos eso no cuente.