El crimen fue en Barbados, pero la explosión estremeció al planeta, y las esquirlas de tanto hueso humano destrozado hirieron, en lo más digno del pecho, a todos los hombres y mujeres honestos.
Aunque pasen los años, y los siglos pasen, una apelación desgarradora continuará tocando a las puertas de la vergüenza humana: “¡Pégate al agua, Felo; pégate al agua!”.
Tal vez sea esa la voz salvadora, para que ya jamás haya cuerpos de adolescentes y de novios y de embarazadas dentro de un avión en pleno vuelo, o mejor dicho en loca y mortal picada, asfixiándose, estallando como las propias bombas asesinas, y convirtiéndose en diminutas llamas, que aunque se enfriaron al caer al agua, no se apagarán en la memoria.