Para los cubanos todos, y especialmente para mí, acercarme al legendario Cuartel de la Montaña fue un anhelo profundo, que parecía imposible, y a la vez una necesidad espiritual muy grande, pensando siempre en honrar al hombre fiel a su pueblo, al amigo de los pobres, al hermano de Fidel Castro, Simón Bolívar y José Martí. Cuando la vida me dio la oportunidad fui presurosa, por mí, por mis hijos y demás familiares, por los hombres y las mujeres que desde Cuba también desean venir y fui, especialmente, a llorar mi dolor, un dolor inmenso que desbordó los corazones de muchos aquel fatídico 5 de marzo.