1 Corintios 6:12-20 también presenta una teología integral del cuerpo, rechazando la idea de que la materia física carece de valor espiritual. Se argumenta que, al ser el cuerpo un templo del Espíritu Santo redimido por Cristo, su cuidado no es vanidad, sino un acto de mayordomía y adoración. Se identifican diversos pecados que dañan la salud, como la glotonería, la pereza y la ansiedad, vinculándolos con padecimientos médicos reales. Asimismo, se integran recomendaciones de la OMS y Harvard para promover hábitos saludables que prolonguen la capacidad de servicio al prójimo. En última instancia, la salud física se describe como una herramienta esencial para glorificar a Dios y reflejar su carácter en el mundo.