La desertificación y la sequía no son solo problemas ambientales, sino también sociales y políticos. Estos fenómenos exacerban las desigualdades y afectan desproporcionadamente a las comunidades más vulnerables. Esta crisis es un llamado a reconfigurar nuestra relación con la creación, basada en principios de cuidado, respeto y solidaridad. Comprometámonos a: