Se acerca el final del peregrinaje de Israel por el desierto, que nos narra el libro de Números. Dios les ha provisto de todo, de formas sorprendentemente sobrenaturales; les ha disciplinado por sus constantes quejas, murmuraciones, rebeldías, e idolatría, pero ahí están a orillas del Jordán frente a Jericó, próximos a entrar a la tierra prometida. Dios al dar las instrucciones de la forma en que se debe repartir la tierra, opera en justicia, dando a cada uno lo que es debido, sin favoritismo ni preferencia por ninguno y sin discriminar al pequeño. Pero increíblemente 2 tribus y media van a pedir que su heredad sea antes de la tierra prometida, porque según su propia opinión y su propia prudencia, pretendieron saber más que Dios. Cuidado con saber mal.