¿Quién será el verdadero juez que firme la sentencia
y quien el que nos abra de nuevo las puertas hacia el aire,
quien será el que les de batalla a los serviles
que se sirven de todo lo que sirve
para llenar sus regazos y pulmones
de esperanzas robadas a las nubes.
No sería mejor dejar ser y estar en todo tiempo
a aquellos que siempre estuvieron en nosotros
y nunca hicieron mal ni a los vacíos, ni a bosques,
ni regalaron penas a las tumbas
que ya penan bastante por ser mármol
recogiendo en brazos de poemas
nombres que han sido y son ya casi en el olvido.
Todo se duele en alas que se cortan,
los barrotes, ese espacio que se acorta
y no deja volar las ilusiones de llenar las torres de cigüeñas,
de perros buscando una caricia,
del maullar de los gatos por esas madrugadas
imitando los llantos que ya no son de niños,
pues ya los niños solo duermen en recuerdos del hambre
de canas y de cunas vacías en sus vientres.
Si fuera tan solo la arena en el gobierno
cada grano una voz y juntos un solo grito,
el mundo se volvería loco por el ruido
de todo un desierto clamando por sus dunas
que son las calles que andan los humanos en pos de la cordura entre insonoros aplausos de cacerolas en manos de los ríos,
de sembrados de trigo, de hierba huérfana de labores, maquinas durmientes dejando en soledad
las humaredas
aquellas que a las noches daban luz como canciones
y cantares uniéndonos las manos.
He deseado olvidar las sirenas de alarmas al aviso
del vuelo de aviones cargados de odio remontando las cumbres
borrando el arcoíris que se forma tan solo sin que nadie lo dicte.
He deseado que alguien al final diera orden de bajar el telón
como si fuera el sueño de una noche de verano.
Y ya fuera del sueño, un mendigo con su hatillo al hombro
Una sombra allá en la lejanía, el maullido de un gato,
briznas de tristeza por las penas de tumbas
que lloran por ser mármol recogiendo en sus brazos
nombres que han sido y son ya casi de poetas
de poemas muertos al olvido.
Chema Muñoz©