La primera obra que hizo Jesús en la tierra, después de su resurrección, consistió en asegurar a sus discípulos de que su amor y tierna consideración por ellos no había cambiado. Se les apareció varias veces para convencerlos de que era su Salvador vivo, que había roto las cadenas de la tumba y que ya no podía ser retenido por la muerte, y para revelarles que tenía el mismo corazón lleno de amor que cuando estaba con ellos como su amado Maestro.