Ayuno y oración nos hace sensibles a la voz de Dios, a escuchar su palabra, a encontrar sus respuestas y su guianza. Nos fortalece en nuestra relación intima y personal con El, con su Espiritu Santo.
Ayuno y oración nos enseña a orar en el Espiritu, en la voluntad de Dios, nos desconecta de oraciones egoístas y fuera de lo que es el propósito de Dios para nosotros. Edifica nuestra fe, es un ejercicio espiritual, que ministra nuestro espíritu y nos llena de fe y confianza en nuestro Dios.
Es una forma de humillarnos, de matar la carne, de darnos en adoración, de honrarlo a El como nuestro Dios y Rey.