Buscábamos la perfección y la perfección no existe. La vida es perfecta cuando la aceptas como es, con todas sus imperfecciones.
Porque nos han vendido modelos de perfección que no llevan a la felicidad. Porque necesitamos más abrazos y compasión (según su etimología “sentir con”) que modelos imposibles (sociales, familiares, estéticos…)
Porque el estándar lo pone uno mismo, no la sociedad, tu entorno o Instagram. Y para saber lo que quieres, tienes que equivocarte.