Miguel de la Llana fue enviado a notificar una provisión del conde de Priego, pero se encontró con la resistencia del pueblo, que temía su traición. Tras un violento enfrentamiento en la casa del conde, con varios vecinos heridos, Miguel se refugió en su casa. Más tarde, el pueblo, indignado, marchó a la casa del conde en busca de justicia, lo que llevó a su huida.