Tras la descomposición del Imperio romano en Occidente, la vida en Europa occidental se hizo, durante un largo período, descentralizada, localizada y limitada. Aquello debió ser un “sálvese quien pueda” y un “desgobierno”, en el que cada mástil, a nivel local, aguantaba su vela; porque la autoridad central, corrupta e ineficiente, carecía de mecanismos y de credibilidad para imponer orden.
Gran parte del origen y las características sociales del medievo ya surgieron casi doscientos años antes, cuando el emperador Diocleciano creó una burocracia extrema que supuso unos impuestos insufribles a la vez que ató a los siervos a la tierra que trabajaban y gestó el origen de los gremios, tan importantes tanto durante la Edad Media como la Moderna.