¿Cuál fue el testimonio de Pablo? ¿Cuál fue básicamente su defensa? Primeramente, demostró ser un judío al cien por ciento. Podía hablar en arameo, una lengua que las nuevas generaciones estaban perdiendo, ya que muchos hablaban en griego. Fue fariseo, instruido a los pies de Gamaliel, un gran maestro en Israel. Y en su gran celo, creyó su deber perseguir a los cristianos a muerte. Sin ninguna compasión, arrestó a muchos hombres y mujeres. Y si Jesús no se le hubiese aparecido en el camino a Damasco, quién sabe hasta donde hubiese llegado persiguiendo a la iglesia. Al encontrarse con Jesús, Pablo quedó ciego, y no fue sino hasta que se encontró con Ananías, que Dios le devolvió la vista. Y entonces se bautizó. Y ahora en vez de perseguir a los cristianos, Pablo comenzó a predicar a Cristo.
No todas las conversiones son así de drásticas y espectaculares. Pero toda conversión debe llevarnos a un cambio en nuestra vida. Toda conversión debe llevarnos a entregar nuestras vidas a Jesús, mediante el bautismo y a vivir para Él. Y tú, ¿ya le entregaste tu vida a Jesús? No esperes más. Entrégale tu vida a Jesús. Bautízate. Lava tus pecados, invocando su nombre. Que el Señor te bendiga.