En el capítulo de hoy vemos la conversión de Lidia, de la muchacha endemoniada, y del carcelero y su familia. En todas las conversiones, siempre es el Espíritu Santo quien toma la iniciativa; le muestra a Pablo y a su equipo a dónde deben ir, y es el Espíritu Santo quien abre los corazones para que estén atentos, y para que las personas crean el mensaje de salvación. Lidia era una mujer muy rica. Vendía ropa de tela púrpura, ropa que sólo podían costear reyes, príncipes, y gobernantes. Ella tenía mucho dinero. Pero tenía una necesidad de Dios. En Filipos no había sinagoga. Los judíos se juntaban junto al río, a orar. Y allí llegó Lidia. Lidia no era judía. Pero buscando la verdad, llegó a congregarse con los judíos. Y allí conoció a Pablo, escuchó su mensaje, y lo aceptó como la verdad. Fue bautizada junto con su familia, y su hogar se volvió la primera iglesia en la zona de Macedonia. Luego se bautizó la chica que era una esclava. Estaba poseída por un demonio, el cual la ayudaba a adivinar. Pablo, después de soportarla por mucho tiempo, expulsó el demonio de ella. Eso causó la molestia de sus dueños, e hicieron que a Pablo y a Silas los encarcelaran, no sin antes recibir muchos azotes. ¿Qué hicieron Pablo y Silas, en la cárcel y con los pies en el cepo? Oraban y cantaban alabanzas a Dios. Y todos los presos los oían. Por eso, cuando Dios envió el terremoto que los libertó, nadie escapó. Todos sabían que ese terremoto había sido una respuesta a la oración de los siervos de Dios. Cuando llegó el carcelero, y vio todas las puertas abiertas, sacó la espada para quitarse la vida. Pensó que todos habían escapado. Pero Pablo lo detuvo. Es muy probable que quien haya azotado a Pablo y Silas haya sido este carcelero. Pero Pablo le mostró el amor de Dios, y le aseguró que nadie se había escapado. Fue entones que él preguntó: ¿Qué debo hacer para ser salvo? La respuesta fue: debes creer en el Señor Jesucristo. El carcelero creyó, se arrepintió de sus pecados, y se bautizó junto a toda su familia. El carcelero entendió que de no ser por la gracia de Dios, él habría muerto. Toda su familia lo siguió en su decisión. Todos fueron bautizados. Pero a veces no pasa lo mismo en nuestras vidas. Muchas veces nuestros familiares no nos siguen en nuestra decisión de seguir a Cristo Jesús. La salvación es personal. Cada uno debe creer. Debes ser paciente. Ya llegara su momento. Debes seguir orando para que Dios toque sus corazones, y ellos lleguen a creer. Se paciente. Y nunca pierdas la fe. Que el Señor te bendiga.