Qué fácil es usar la indiferencia como escudo. A veces llamamos 'apatía' a lo que en realidad es un berrinche del ego: nos desconectamos y elegimos congelar el corazón con tal de no soltar el control. Es la anestesia precisa para no escuchar una verdad que nos obliga a movernos de lugar.
¿Te ha pasado que Dios te pide que le entregues algo que tanto amas, pero te aferras y te cuesta soltarlo? Ahí es donde nace esa falsa apatía. No es que la línea esté caída o que no sepas qué hacer; es que te da pánico contestar la llamada porque ya sabes de qué se trata. Preferimos colgar el teléfono y fingir desinterés antes que bajarnos del pedestal, desarmar el orgullo y admitir que nos da miedo obedecer.
Hola hermosa mujer Dios bendiga tu vida grandemente, espero que está palabra sea de bendición para ti.