De vez en cuando reservo parte de mi tiempo a dejar que mi imaginación utilice la música para mecerse, intentando encontrar un puñado de palabras con las que secuestrar tu atención durante un par de horas para hacer frente a la deficiente cultura musical en la que hemos metido a una generación de jóvenes que nunca podrán saber lo que existe más allá de un punto y aparte. No, no necesito ser ningún mesías musical, sé que no formaré una legión de almas dispuestas a emprender una guerra, no es su cometido; soy yo quien ha de librar la batalla. Me basta con sentirte ahí, al otro lado de estas palabras; es la forma de justificar ante mi conciencia el precio de La Próxima Estación. Soltamos frenos.