Me cuesta tanto escribir unas frases sin que vayan acompañadas de una banda sonora que siempre termino dejándome acariciar por la música, para así recoger ese puñado de palabras que cuenten algo y —lo que es más importante— que a ti te digan algo.
Cuánto peligro encierran unas frases inocentes en el bolígrafo de un loco que intenta convencerte de que le prestes dos horas de tu atención.
Y es que, a veces, las emociones son la pólvora con la que el diablo dispara para confundirnos y separar nuestros caminos.
Quédate aquí, en la próxima Estación, y te prometo encontrar una canción con la que saldar la deuda contigo.
Soltamos frenos.