No son los mismos tiempos, ni los mismos colores los que viste Sancti Spíritus en esta, su tercera vez de 26, aunque siga primando el rojinegro por el tamaño del suceso que celebra.
Porque es un 26 distinto, logrado en las circunstancias más adversas cuando un gramo de esfuerzo y de trabajo puede hacer la diferencia, mucho más cuando el país, más que planes, busca satisfacciones que no siempre cubren exigencias.
Y en esa lucha colectiva, Sancti Spíritus sacó margen para alzarse con una sede que mide por encima de todo la capacidad de su gente para levantarse sobre adversidades y construir desde cada pedacito, la obra mayor, que es un país en su momento más complejo.