De la mano de Xevi Molas conocemos algunos experimentos en psicología social previos a los años 70, que hoy en día llaman la atención por su metodología poco ética.
Hablamos del experimento de Asch (1951), uno de los pioneros de la psicología social, que trataba de comprobar el poder de la conformidad dentro de la presión de grupo.
También comentamos el experimento de Milgram (1961), que se planteó mediante una máquina de electrocutar falsa quería comprobar cómo los nazis actuaban.
En julio de 1961, el teniente coronel nazi Adolf Eichmann, responsable directo de la solución final en Polonia, fue sentenciado a muerte en Jerusalén. Como muchos de los militares nazis, Eichmann alegó que no sabía lo que estaba haciendo, pues sólo se limitaba a seguir órdenes.
Al psicólogo Stanley Milgram, de la Universidad de Yale, le asaltaron entonces varias preguntas: ¿podía Eichmann estar diciendo la verdad? ¿Eran los militares nazis conscientes de lo que hacían? ¿Puede una persona normal cometer barbaridades sólo porque la autoridad se lo ordena?