De David Bowie a Whitney Houston, el espacio radiofónico de esRadio rinde tributo a la danza como una herramienta de sanación y libertad.
Felipe Couselo presenta una nueva edición del programa Prohibido contar ovejas en esRadio, dedicado íntegramente en esta ocasión al arte del baile como un elemento de liberación universal. Couselo reflexiona sobre cómo la música y el movimiento corporal son capaces de romper barreras emocionales, citando una frase de la serie The Boys para destacar la importancia de bailar al menos una vez en la vida. A través de un recorrido musical, el locutor invita a los oyentes a dejarse llevar por el ritmo, sin importar las circunstancias personales o el estado de ánimo en el que se encuentren, proclamando que el baile es una herramienta de sanación colectiva indispensable.
La andadura musical comienza con el popular tema I Don't Feel Like Dancin' de la banda estadounidense Scissor Sisters, una pieza irónica incluida en su exitoso segundo álbum, Ta-Dah. A pesar de su ritmo alegre y sumamente bailable, la letra describe la apática sensación de no querer bailar, haciendo un evidente guiño al clásico You Should Be Dancing de los míticos Bee Gees. A continuación, el programa se detiene en la imponente figura de David Bowie y su legendario tema Let's Dance, producido por Nile Rodgers. Couselo rememora la inclusión de esta canción en la banda sonora de la película Radio Encubierta, subrayando cómo el tema funciona tanto como una invitación al movimiento físico como una metáfora profunda sobre cómo decidimos conducirnos en la vida.
El viaje continúa retrocediendo en el tiempo hasta finales de los años cincuenta con Do You Wanna Dance de Bobby Freeman, un tema de 1958 que exuda la esencia del más puro rock and roll primigenio. Couselo analiza la carga de sensualidad y expresión física intrínseca a este clásico, que ha sido versionado por artistas de la talla de Cliff Richard, los Ramones o los Beach Boys. Precisamente estos últimos protagonizan el siguiente bloque con su enérgico Dance, Dance, Dance de 1964, una composición de los hermanos Wilson y Mike Love que evoca de inmediato la cultura del surf, las fiestas playeras y la despreocupada juventud californiana de la época.
Una de las grandes de la noche llega de la mano de Whitney Houston y su emblemático éxito de 1987 I Wanna Dance with Somebody (Who Loves Me), perteneciente a su aclamado segundo álbum de estudio, titulado sencillamente Whitney. Couselo se deshace en elogios hacia la portentosa voz de la artista, recordando su ilustre árbol genealógico musical como sobrina de Dionne Warwick y ahijada de Aretha Franklin, y destacando cómo este sencillo redefinió el pop bailable de la década. Este espíritu de libertad a través del movimiento sirve de enlace para hablar de Footloose, la mítica película de 1984 protagonizada por Kevin Bacon, cuyo tema principal homónimo, interpretado por Kenny Loggins, se alza como un himno contra la represión y el puritanismo.
La música de corte latino se abre paso con la contagiosa y arrolladora Conga de Miami Sound Machine, lanzada en 1985 bajo el liderazgo de una espectacular Gloria Estefan. Couselo destaca cómo esta pieza sirvió para consagrar la transición de la artista desde las raíces tradicionales hacia el gran público del pop internacional. Además, analiza el curioso fenómeno sociológico de la conga en las bodas y celebraciones populares, donde el baile actúa como un agente desinhibidor infalible capaz de arrastrar a la pista incluso a los más reticentes, demostrando que el ritmo es capaz de derribar cualquier prejuicio.
El programa rinde tributo también a la era dorada de la música disco con dos grandes referentes: The Jacksons y su bailable Blame It on the Boogie de 1978, seguido por el clásico Boogie Wonderland de la banda Earth, Wind & Fire, extraído de su álbum I Am de 1979. Couselo defiende con entusiasmo el legado de la música disco, a menudo denostada por la crítica pero poseedora de una energía inigualable orientada a la evasión y el disfrute. El locutor asocia el dinamismo de estas producciones con la necesidad de encontrar momentos de liberación emocional en medio de las tensiones cotidianas de la sociedad actual.
En un giro más sombrío pero igualmente rítmico, suena Dancing with Tears in My Eyes de la banda de synth-pop Ultravox, un rotundo éxito de 1984 que oculta, bajo sus sintetizadores bailables, una dramática narración sobre un inminente apocalipsis nuclear. Esta idea de bailar ante la adversidad da paso al rebelde Billy Idol y su emblemática Dancing with Myself, inspirada en una visita del cantante a una discoteca de Tokio donde los jóvenes bailaban frente a sus propios reflejos en los espejos. Couselo resalta la fuerza de estos temas como mecanismos de resistencia y autoafirmación individual ante la soledad y el aislamiento que a menudo caracterizan a la vida moderna.
La última parte del programa se convierte en un torbellino que abarca distintas décadas y estilos, comenzando por el año 1991 con la arrolladora Gonna Make You Sweat (Everybody Dance Now) de C+C Music Factory, un indiscutible clásico de las pistas de baile de los noventa. A esta le sigue la sofisticada Murder on the Dancefloor de Sophie Ellis-Bextor, publicada en 2001 y coescrita junto a Gregg Alexander, y la pegadiza Dancing on the Ceiling de Lionel Richie de 1986. Tras un recordatorio al clásico cinematográfico Grease con el tema Born to Hand Jive interpretado por los irreverentes Sha Na Na, el broche de oro lo pone el enérgico Chubby Checker con su inmortal The Twist, despidiendo el programa con una soberbia demostración de cómo el baile sigue siendo el lenguaje universal más potente para unir a las personas.