Felipe Couselo analiza las debilidades humanas mediante el rock en un viaje sonoro por vicios como la lujuria, la ira o la soberbia.
En esta entrega del programa Prohibido contar ovejas, Felipe Couselo nos sumerge en un recorrido sonoro y conceptual a través de los siete pecados capitales, utilizando la música como hilo conductor para explorar las debilidades humanas. El programa arranca con la sintonía de Seven Deadly Sins de los Traveling Wilburys, sentando las bases de una noche dedicada a diseccionar cómo el rock y el pop han lidiado con la transgresión moral. Couselo plantea que la música siempre ha sido considerada pecaminosa por los sectores más puritanos, pero que, en realidad, los compositores se limitan a reflejar una naturaleza humana inevitablemente ligada al vicio y la tentación.
El recorrido se inicia con la pereza, descrita como una negligencia tediosa ante las obligaciones. Para ilustrarla, Couselo selecciona Lazy de Suede, un tema de mediados de los noventa incluido en el álbum Coming Up que celebra la desidia con un ritmo vibrante. Inmediatamente después, el programa aborda una faceta más cruda de este pecado con Longview de Green Day. Esta pieza de su disco Dookie captura el aburrimiento extremo de un adolescente que recurre a la masturbación compulsiva como único escape a la apatía de una vida sin estímulos, reflejando una crítica a la falta de propósito en la sociedad moderna.
La lujuria ocupa el siguiente bloque, definida como el deseo desmedido del placer carnal. La elegida es Hot Blooded de Foreigner, un himno que destila urgencia sexual y una temperatura emocional elevada. Sin embargo, el clímax de este pecado llega con Closer de Nine Inch Nails, extraída del magistral The Downward Spiral. Couselo destaca la intensidad visceral de esta canción, que vincula el acto sexual con una búsqueda casi espiritual de cercanía a lo divino, a pesar de su lenguaje explícito. La mención a la película Seven refuerza la carga iconográfica de este tema en la cultura popular de los noventa.
Al llegar a la envidia, el programa explora la tristeza por el bien ajeno a través de Mr. Brightside de The Killers, centrada en los celos paranoicos de un hombre que imagina la infidelidad de su pareja. No obstante, la sorpresa del bloque es la inclusión de I Want to Be Like You, de la versión de Disney de El libro de la selva. Couselo interpreta el deseo del Rey Louie de poseer el fuego de los hombres como la máxima expresión de la envidia, demostrando que incluso en los contextos aparentemente inocentes de la animación, los pecados capitales estructuran los conflictos fundamentales de los personajes.
La ira se manifiesta con una fuerza devastadora en Bad Habit de The Offspring, que narra un episodio de violencia vial donde un conductor pierde los estribos hasta límites criminales. Couselo defiende la libertad creativa de estas letras frente al moralismo asfixiante de quienes pretenden censurar la ficción. Este sentimiento de rabia alcanza su cénit con Fucking Hostile de Pantera, una crítica feroz al abuso de poder y a las imposiciones sociales. En este punto, Couselo reivindica la autenticidad del metal como una respuesta necesaria de la libertad individual frente a un entorno que intenta domesticar la agresividad natural del ser humano.
La gula es analizada desde una perspectiva metafórica con temas como I Want Candy de The Strangeloves y Cherry Pie de Warrant. Aunque ambas canciones utilizan el dulce y la comida como imágenes centrales, subyace una clara alusión al exceso y a la compulsión sensorial. En el caso de Warrant, el glam metal de finales de los ochenta sirve para empaquetar un deseo que borra las fronteras entre el hambre física y el apetito sexual, reforzando la idea de que la gula es, en esencia, la incapacidad de ejercer la mesura personal ante los placeres de la vida.
El programa cierra con la soberbia y la avaricia. Carly Simon y su You’re So Vain representan la vanidad de un amante anónimo, mientras que Everything Counts de Depeche Mode y Money de Pink Floyd denuncian la codicia corporativa y el materialismo desbocado. Como colofón, suena Los tengo todos de Extremoduro, una canción que resume la aceptación de todas las faltas capitales por parte del individuo. En última instancia, Couselo nos recuerda que, a pesar de los juicios morales, el rock siempre será el refugio de los pecadores que defienden su derecho a vivir con autenticidad y rebeldía.