“Como un viento fuerte y como fuego”, pero no eran ni viento ni fuego, sino algo parecido. ¿Cómo describir al Espíritu Santo? ¡Imposible!, pero Su presencia cayó como un explosivo que hizo gran estruendo y repartió chispas por todas partes. Con gran conmoción, Dios encendió el amor en la primera iglesia para que la obra salvadora de Cristo comenzara a ser anunciada en todos los idiomas a todos los pecadores. Cristo nos ha salvado. ¡Que todo el mundo lo sepa!