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Nunca se imaginaron ser malabaristas, que podrían mantenerse equilibrados en tan poco espacio o que podrían mantenerse en pie aun estando muy agotados, que lograrían tener entre manos tanto sin dejarlos caer nada.
No estoy hablando de gente que trabaja en el circo o que hace presentaciones en las calles y espectáculos en un teatro, estoy hablando de una pareja de jóvenes padres. Si estas pasando por ahí, o si ya pasaste sabes de lo que hablo, sino sabes de los que hablo, observa a una de estas parejas y veras.
¿Para qué sirven las escaleras?. La primer respuesta que me dieron varias personas a quien les hice esta pregunta fue. —Para subir. Después de pensada con calma su respuesta, añadieron algo más. Quizá en tu caso al oír la pregunta tu respuesta fue la misma. Las escaleras sirven para subir.
Efectivamente así es, podríamos resumir diciendo que las escaleras son una estructura que nos ayudan para comunicar superficies en diferentes niveles, la característica de estas es que están formadas por escalones sucesivos.
En una estación de radio, en las pausas entre los programas y los comerciales, incluyen unas cápsulas informativas culturales, que se llaman ¿por qué decimos?… en ellas informan al publico radioescucha de la razón y el origen de algunas frases populares que la mayoría de las veces resulta interesante saber dónde comenzó a usarse por primera vez o de dónde se derivo.
En muchos casos la información que se da es precisa y con lo que se menciona hay forma de rastrear y comprobar los datos que se dan, en otros casos, solo se puede suponer o especular de dónde surgió el uso de esas frases. Siempre es interesante saber por qué decimos lo que decimos.
En repetidas ocasiones, en diferentes circunstancias me ha sucedido, andando por la calle, en un transporte público, cerca de un grupo de jóvenes en alguna plaza. Se les escucha divertidos y bromeando, de repente entre ellos una chica linda, comienza a hablar y de su boca salen toda clase de groserías y malas palabras que hasta puedes notar que la gente que pase cerca reacciona sorprendida, al parecer a ella y sus amigos les resulta normal.
Sigues tu camino sorprendido e incomodo porque las apariencias te dirijan que no debería ser así. Esta escena bien podría llamarse. “La bonita vomita”. La bonita nos sorprendió a todos con su lenguaje florido, folclórico y vulgar. Pero la verdad es que la gente bonita, la gente bien, los de apariencia piadosa y los que lo niegan, en algún momento de su vida vomitan y no me refiero particularmente a la acción de expulsar violentamente por la boca el contenido del estomago, sino también el contenido de la mente y también los errores y las malas actitudes que todos tenemos.
En un viaje que tuve la oportunidad de hacer con un amigo por un asunto de trabajo a una ciudad turca. En un tiempo que tuvimos libre, salimos a conocer el mercado y comprar algunos recuerdos para llevar a casa. Encontramos una enorme tienda de artesanías de todo tipo, particularmente revisamos la cerámica. Pedimos que nos mostraran unas pequeñas tazas que inmediatamente supimos tenían un trabajo de adorno artesanal hecho a mano, nos llamo la atención el enorme parecido que tenían a unas de similares características que venden en una ciudad colonial cerca de la nuestra.
Se cuenta la historia de una parvada de palomas y una estatua. La estatua, la figura de un hombre fue hermosamente talla en piedra y colocada en el centro de la ciudad, sus detalles y toda ella en conjunto era espectacular, la gente acudía cada día a admirarla, los turistas buscaban la forma de fotografiarla para llevarse un grato recuerdo de tan formidable obra.
Eso, que la admiraran y la elogiaran, molestaba muchísimo a las palomas, a veces, una por una, en otras ocasiones en parvada, se posaban sobre la estatua y con el pico y las uñas, trataban de hacerle daño, con el tiempo se dieron cuenta que lo que lograban con este método era muy poco, así que la estatua, se sentía inmortal e intocable, se burlaba incluso del intento de las palomas por destruirla. Un día las palomas dejaron de rasgarla y picarla, y prometieron también, que de una forma u otra la destruirían. — Sin que lo notes acabaremos contigo le dijeron un día.
Un día de descanso paseaba con mi familia en un reciento donde se realiza anualmente una feria, el lugar esta lleno de toda clase de vendedores y actividades. Todos los que ahí ofertan o exhiben algo deben inscribirse con anticipación y recibir un permiso y una gafete que los identifique como vendedor.
Al momento de entrar mientras pagaba mi boleto de ingreso se acerco una mujer queriendo venderme chicles, era joven estaba embarazada. En lugar de comprarle le regale una moneda, más tarde ya en un gran salón del recinto nos la volvimos a encontrar, esta vez mi esposa si le compro algunos de sus productos. Yo le pregunte que como hacia para poder vender dentro de la feria sin permiso, le pregunte si no le decían algo. Me dijo que sí, que si la veían se lo prohibían, le pregunte otra vez, qué cómo le hacía para que no la vieran, me respondió que cuando veía un guardia escondía su caja de chicles y así ya no la veían.
Esperaba en una tienda para pagar por los productos que estaba llevando, mientras esperaba que me atendieran, detrás de mi llego a formarse un señor con una niña pequeña, cuando llegaron al exhibido de dulces aun lado de la caja, el señor le pregunto a la niñita si quería algo. Error. Nunca he sabido de algún niño que frente a un exhibido de juguetes o dulces diga que no quiere nada, a menos que este haciendo berrinche o enfermo.
La niña ante los dulces tomo en sus manos una paleta y luego se agacho nuevamente y tomo otra. El papá le dijo:—Solo puedes llevar una, regresa la otra. La niña le contesto: —Pero yo necesito dos. Él le volvió a decir: —no, solo lleva una, no necesitas dos. Ella: —replico sí necesito dos, porque te quiero regalar una. El señor comenzó a reírse y le permitió que llevara las dos.
Las mamás que hacen postres para la familia saben de su valor, los cocineros entiende de este interesante proceso, los chefs y los pasteleros conocen los tiempos y estan atentos para el mejor momento. Cualquiera que haya intentado hornear un pan, un pastel o algún alimento que requiera el uso de un horno, reconocen la importancia de la temperatura y el momento adecuado para ingresar el producto y esperar, así como el tiempo necesario que debe permanecer dentro.
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