Dios nos pone puertas en frente de nosotros, pero es nuestra decisión si nosotros las cruzamos. Durante esta serie, podemos ver como Dios nos presenta con estas oportunidades, y porque son tan importante para nosotros. Texto Clave: “7Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: 8Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.” Revelación 3:7–8 RVR60 1. Las puertas no se abren sin las oraciones enfocadas. “2Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. 3Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.” Hechos 13:2–3 RVR60 2. Las puertas no se abren sin una fe audaz. “4Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. 5Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante.” Hechos 13:4–5 RVR60 3. Las puertas no permanecen abiertas. “Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles.” Hechos 14:27 RVR60