Hoy, podemos celebrar, porque las campanas de la resurrección todavía resuenan, por medio del sacrificio de Jesucristo. Tenemos el privilegio de llamarnos justificados por medio de la resurrección de Jesús. No somos fracasados, ni perdedores, porque, con Cristo, estamos sentados en lugares celestiales. Dios no se preocupa de nuestros transgresiones mientras reconocemos a Su hijo, Jesús, como nuestro salvador.