A principios del siglo XIX el Señor obró en la vida de distintos hombres, en varios lugares del mundo motivados en parte por el dolor ante la frialdad, clericalismo y la separación sectarizada de la iglesia de ese tiempo, un fuerte sentido bíblico de la unidad y la sencillez del cristianismo primitivo, dejando de lado cualquier preferencia denominacional, marcó las bases de un movimiento espiritual cuyo impacto llega hasta nuestros días y del cual aún podemos aprender y por qué no…imitar.
Hombres como Edward Cronin, John Nelson Darby, Anthony Norris Groves, Robert Cleaver Chapman, George Müller son algunos de los nombres que resuenan recordando los comienzos de este movimiento. El deseo cada vez más fuerte de volver a los principios establecidos por Dios para su iglesia los llevó a reunirse con la certeza de estar congregados en el nombre del Señor Jesús como único y suficiente centro de adoración para partir el pan, ser instruidos por la Palabra, alabar y orar al Señor juntos unánimes, contando con su presencia (Mt.18:20).