Cuando atravesamos pruebas de fuego en nuestro diario vivir, y nos tocan padecer grandes sufrimientos, los cristianos sabemos que cada adversidad tiene un propósito: fortalecer nuestra fe y acercarnos más a Jesús. El Señor padeció la muerte con el propósito de salvarnos, y el sufrimiento que vivimos nos equipa para poder darle sentido a nuestra adversidad, y abrazar la vida eterna que Él ganó para nosotros en Su muerte y resurrección.