Pedro Herrero realiza un análisis demoledor sobre el estado actual de Radiotelevisión Española, señalando que hoy ofrece, a su juicio, el peor contenido de información política del país.
La crítica se centra en una práctica especialmente grave: la llamada a “expertos” a los que se les indica previamente qué deben decir sobre asuntos clave como monarquía, pensiones o inmigración. Pedro subraya que ya no se trata solo de seleccionar perfiles ideológicamente afines, sino de dar instrucciones directas, cruzando una línea básica del periodismo.
El bloque aborda también el papel de Marc Giró y su salto a La Sexta, interpretado como un síntoma de la renovación de portavoces de la izquierda mediática y del desplazamiento del humor hacia formatos más alineados con el poder.
Pedro analiza en detalle el duro informe del Consejo de Informativos de RTVE, que denuncia manipulación, abuso de opinión, noticias falsas y mala praxis en programas como los dirigidos por Javier Ruiz y Jesús Cintora. El informe señala lenguaje agresivo, sesgo sistemático a favor del Gobierno y una confusión constante entre información y propaganda.
Uno de los ejes más relevantes del análisis es la externalización masiva de contenidos. Pedro explica cómo RTVE duplica equipos: los profesionales de la casa cubren los eventos con criterios periodísticos, mientras equipos externos —más precarios y dependientes— vuelven con la pieza exacta que necesita la narrativa política. Esto genera sobrecostes, degrada la marca RTVE y vacía de sentido a los informativos tradicionales.
El bloque conecta esta dinámica con el control del mensaje desde Moncloa y el sanchismo, subrayando que el lugar más peligroso hoy es ser aliado de Pedro Sánchez sin estar dispuesto a subir continuamente el nivel de propaganda exigido. En ese proceso, la izquierda mediática termina destruyéndose a sí misma, expulsando a quienes no alcanzan el nuevo grado de docilidad.
La conclusión es clara: RTVE no está viviendo un error puntual, sino una mutación estructural. Y cuando una televisión pública pierde el pudor periodístico, no solo daña la información: daña la confianza democrática.