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Durante siglos hemos entendido el dolor como una señal inevitable, un aviso biológico que nos protege del daño. Pero en las últimas décadas, la neurociencia ha empezado a demostrar algo inquietante y fascinante a la vez: el dolor no es solo una respuesta automática del cuerpo, sino una experiencia construida activamente por el cerebro. Y, en determinados contextos, el cerebro puede aprender a reducirlo, modularlo o incluso apagarlo.
By AbbcastDurante siglos hemos entendido el dolor como una señal inevitable, un aviso biológico que nos protege del daño. Pero en las últimas décadas, la neurociencia ha empezado a demostrar algo inquietante y fascinante a la vez: el dolor no es solo una respuesta automática del cuerpo, sino una experiencia construida activamente por el cerebro. Y, en determinados contextos, el cerebro puede aprender a reducirlo, modularlo o incluso apagarlo.