El mundo que conocíamos ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, y para entender su complejidad, es fundamental adoptar nuevas perspectivas. China, en particular, se ha consolidado como una superpotencia en apenas cuatro décadas, ofreciendo valiosas lecciones para el resto del planeta. Su rápida transformación económica y social demuestra que el progreso puede lograrse mediante la innovación, la planificación a largo plazo y la adaptación constante. La experiencia china nos invita a reflexionar sobre cómo las políticas públicas, la inversión en educación y tecnología, y la capacidad de resiliencia son clave para afrontar los desafíos globales. Además, su ejemplo nos muestra que aprender de las experiencias ajenas es esencial en un siglo donde la competencia internacional es cada vez más intensa. ¿Podemos aplicar estas enseñanzas para perfeccionar nuestras democracias, construir sociedades más resilientes y competitivas, y prosperar en un entorno global cada vez más desafiante? Sin duda, sí. La clave está en analizar con honestidad y apertura las estrategias que han llevado a China a su éxito, adaptándolas a nuestras realidades para avanzar hacia un futuro más próspero y equilibrado para todos.