La Unión Europea enfrenta crecientes desafíos globales —la guerra en Ucrania, la presión migratoria y la competencia estratégica con China— que ponen a prueba su papel geopolítico. Aunque ha mostrado unidad en ciertos frentes, como las sanciones a Rusia, su dependencia energética y las divisiones internas cuestionan su capacidad para alcanzar una autonomía estratégica real. Además, el modelo de integración europeo se ve amenazado por tensiones políticas internas que alimentan el riesgo de fragmentación.
Por otro lado, la Autoridad Nacional Palestina, reconocida internacionalmente como representante estatal del pueblo palestino, enfrenta una profunda crisis de legitimidad. Mahmoud Abbas, en el poder desde 2005 sin elecciones, administra solo partes de Cisjordania, mientras Gaza permanece bajo control de Hamás. En un escenario de creciente violencia y sin horizonte político claro, su papel como interlocutor válido se debilita, aunque aún podría desempeñar un rol clave si logra renovar su legitimidad y articular una estrategia común palestina.