La reciente tensión diplomática entre España e Israel ha abierto un debate sobre si nuestro país puede permitirse deteriorar sus lazos con uno de los principales actores geoestratégicos de Oriente Medio. Israel no solo es un socio relevante en materia de defensa —exportando tecnología militar de alta precisión—, sino también una fuente clave de inteligencia en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado.
Un distanciamiento prolongado podría traducirse en la pérdida de acceso a estos recursos estratégicos, afectando tanto la seguridad nacional como la competitividad tecnológica del sector de defensa español. Además, España podría quedar aislada en determinadas alianzas internacionales, especialmente en el marco de la OTAN y la UE, donde Israel mantiene relaciones estrechas con otros miembros influyentes.
Así, más allá de consideraciones políticas o ideológicas, la pregunta esencial es si España está preparada para asumir las consecuencias prácticas de una relación tensa con Israel.