Sri Lanka, situada en el corazón del océano Índico, ha sido históricamente una encrucijada comercial y estratégica. Su ubicación, cerca de rutas marítimas vitales que conectan Asia con África y Europa, la convierte en un punto clave para potencias regionales como China e India.
Tras una cruenta guerra civil que duró casi 30 años y finalizó en 2009, el país buscó estabilidad. Sin embargo, en 2022 sufrió una grave crisis económica y política, con protestas masivas que forzaron la salida del entonces presidente. Hoy, un nuevo gobierno intenta recuperar la confianza y reestructurar la economía.
China ha tenido una fuerte presencia en la isla, invirtiendo en grandes proyectos de infraestructura, como el puerto de Hambantota, lo que ha generado preocupación por una posible “trampa de deuda”. India, por su parte, ha intensificado su apoyo económico y diplomático para contrarrestar la influencia china.
La competencia entre ambas potencias por influir en Sri Lanka resalta su valor estratégico. Para Colombo, el desafío es equilibrar sus relaciones exteriores sin comprometer su soberanía, mientras navega una compleja recuperación interna. El futuro de la isla dependerá de su habilidad para mantener el delicado equilibrio entre desarrollo, estabilidad y geopolítica.