El anuncio de que Turquía y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) avanzan hacia el fin de un conflicto armado de más de cuarenta años abre una etapa de esperanza cautelosa. Ankara aspira a consolidar la estabilidad interna y regional, mientras el PKK exige garantías políticas y reconocimiento de los derechos kurdos. Este proceso, aún frágil, podría redefinir la seguridad en Oriente Medio, según análisis del Instituto Español de Estudios Estratégicos.
Paralelamente, el panorama bélico global evidencia una tendencia inquietante: el creciente protagonismo de mercenarios y empresas militares privadas. Su uso ofrece ventajas tácticas a los Estados, pero plantea serios dilemas legales y éticos. A pesar de la prohibición internacional del reclutamiento de mercenarios, su presencia en conflictos recientes evidencia vacíos normativos y violaciones sistemáticas de derechos humanos.
Ambos fenómenos reflejan un mismo desafío: cómo alcanzar la paz y la seguridad sin erosionar la legitimidad y el respeto al derecho internacional.