Es el 31 de mayo de 1986, una mañana nublada, pero muy especial sobre el Estadio Azteca, el cual se levantaba majestuosamente al sur de la Cd. de México, devastada unos meses atrás por un terrible temblor.
Sin embargo, la ciudad supo levantarse, como siempre lo hacen los mexicanos ante las adversidades. Un pueblo resiliente, determinado, unido, que se propuso organizar su segundo mundial a pesar de todo.
Era el treceavo campeonato mundial de la historia, México mostraba su mejor cara a sus invitados.