Las tierras raras constituyen un grupo de diecisiete elementos químicos —los quince lantánidos más el itrio y el escandio— que, a pesar de su nombre, son relativamente abundantes en la corteza terrestre, superando a metales comunes como el cobre o el plomo, aunque rara vez se encuentran en concentraciones lo suficientemente altas para una extracción económica sencilla. Valoradas por sus excepcionales propiedades magnéticas, conductoras, catalíticas y ópticas, estas materias primas son indispensables para la tecnología moderna y la transición hacia la energía verde, siendo componentes críticos en imanes permanentes de alto rendimiento, vehículos eléctricos, turbinas eólicas, catalizadores y dispositivos electrónicos. La producción global de estos elementos, dominada mayoritariamente por China en las últimas décadas, presenta desafíos geopolíticos y técnicos significativos, ya que su procesamiento es complejo y a menudo genera graves impactos ambientales y epidemiológicos debido a la liberación de residuos tóxicos y elementos radiactivos como el torio y el uranio asociados a los yacimientos.