Purificando el Cuerpo y el Alma Uno de los pasos esenciales en el proceso de purificación es la expulsión de la materia de
desecho. Existen cinco sistemas básicos para esta tarea: la transpiración, que sale a través de la piel;
los pulmones, que filtran el dióxido de carbono; el hígado, la vesícula biliar y el bazo, que procesan
los nutrientes y filtran la sangre; los riñones, que filtran y excretan fluidos; y el intestino grueso que
excreta la materia sólida de desecho.
Obviamente, así como los productos de desecho físico deben ser expulsados del cuerpo,
también deben ser expelidos los excesos espirituales. Mientras que el desecho físico es eliminado
automáticamente a través de las funciones del cuerpo, hace falta un gran esfuerzo para eliminar el
desecho espiritual. Así como nuestros cuerpos fueron dotados de los medios para purificar se, de la
misma manera Dios nos proveyó todos los instrumentos necesarios para limpiarnos
espiritualmente. La diferencia es que el deseo de utilizar estas herramientas debe estar presente
para que nuestros esfuerzos tengan un resultado positivo.