La conciencia es, al mismo tiempo, lo más íntimo y lo más misterioso de la experiencia
humana. Cada uno de nosotros sabe, sin necesidad de prueba externa, que es alguien
que ve, siente, piensa y desea. Esta presencia subjetiva —el hecho de que hay “algo que
se siente” al ser uno mismo— constituye el núcleo del fenómeno consciente. Y sin
embargo, a pesar de su inmediatez personal, la conciencia sigue siendo uno de los
mayores desafíos para la ciencia moderna.