Sin la justicia de Dios, nos perdemos algo precioso en nuestra relación con el Padre. Porque la justicia de Dios hace posible que podamos venir a su presencia. Nada ni nadie se interpone.
Sin la justicia de Dios, nos perdemos algo precioso en nuestra relación con el Padre. Porque la justicia de Dios hace posible que podamos venir a su presencia. Nada ni nadie se interpone.