En situaciones impensables que por su magnitud rompen la vida privada y social, el miedo nos asalta porque se desvanece la falsa seguridad en la que creíamos vivir, y caemos en la agonía de ver la futilidad de lo que tenemos y atesoramos y nos preguntamos: ¿Qué gobierna la vida? ¿Por qué esta inestabilidad constante en todos los órdenes del hacer humano? Momento en el que antes de mirarnos a nosotros, buscamos un culpable exterior para los males que nos acechan. Un infantilismo egoísta y ciego que impide ver que lo que nos aqueja y disturba o es natural o es humano, porque somos nosotros los que gobernamos la vida con nuestras acciones y elecciones, que nos permiten ver su esencia inestable que nos hace sentir que todo se produce de golpe. O nos encierra en la cárcel de las seguridades falsas, dando crédito y poder, a quienes tienen soluciones simples y expeditivas para lo que de natural complejo; alérgicos a comprender que la gestión del caos no es solo responsabilidad de quien se encuentra en el brete, sino de todos.