El programa se inicia con la exposición «El otro Tesoro: los estuches del Delfín» que se desarrolla en el Museo Nacional del Prado hasta el próximo día 10 de enero de 2021. La muestra presenta un conjunto excepcional de los 101 estuches que, junto con los 23 expuestos en la sala del Tesoro del Delfín, constituye uno de los más completos del mundo, con ejemplares de los siglos XVI al XVIII.
Recordamos la serie cincuentópica El oso Ben (en otros países traducida como Mi oso y yo a partir de su original Gentle Ben). Producida entre 1967 y 1969, a lo largo de dos temporadas y 56 episodios nos muestra al pequeño Mark Wedloe, que vive con su familia en la reserva natural de las Everglades en Florida, donde su padre es un guardia forestal, en la compañía de un oso negro al que rescata. Dennis Weaver, Clint Howard y Beth Brickel encabezan el reparto.
En el Club de Lectura examinamos el libro En las trincheras escrito por Gaziel (pseudónimo del periodista Agustí Calvet, 1887-1964) y publicado por la editorial Diëresis. La obra recoge parte de las crónicas que envió al diario La Vanguardia entre los años 1914 a 1917 (además de aparecer en el periódico barcelonés, algunas de ellas ya se habían publicado previamente en forma de libro mientras que otras ven ahora la luz por vez primera en dicho formato). Gaziel realiza un descenso a los infiernos y nos toma de la mano para que lo acompañemos en tan espantoso viaje a lo largo de las trincheras de Verdún (donde fallecieron alrededor de 300.000 personas y casi un millón fueron heridas), por la batalla del Marne y sus pueblos triturados por la artillería de ambos bandos, en torno a las catacumbas de Argona con sus centenares de kilómetros de lóbregos túneles excavados en medio de las más penosas carencias…
Anselmo Mancebo recita el poema No fueron tus divinos ojos escrito por Lupercio Leonardo de Argensola concluye Qué hay de tu vida Podcast número 84. Sus primeros versos, recitados por Anselmo Mancebo, son los siguientes: «No fueron tus divinos ojos, Ana, / los que al yugo amoroso me han rendido; / ni los rosados labios, dulce nido / del ciego niño, donde néctar mana».