Muchos matrimonios no se rompen de un día para otro. A veces se van enfriando poco a poco cuando el amor se queda solo en lo humano, cuando la relación se llena de cansancio, heridas, egoísmo, distancia o falta de vida espiritual.
En esta reflexión, el Padre Ernesto María Caro nos ayuda a contemplar el misterio de la Santísima Trinidad y a descubrir por qué el matrimonio cristiano no es solo una institución humana, sino una llamada profunda a la comunión, al amor y a la entrega.
Dios no es soledad: Dios es comunión. Y el matrimonio, cuando se vive desde la gracia, puede convertirse en un signo vivo de ese amor.