QUE LOS TRISTES NO VUELVAN
Ya vendrán los tiempos que los sabios vaticinan
relegando la muerte al destierro y sus sombras,
contaremos historias de los años pasados,
desde esa estatura de seres inmortales.
Besaremos las cumbres sin rozarnos las alas
con la lava que escupan los volcanes nacidos
recién por el calor y el amor de las almas.
No habremos de engañar con caballos de troya,
ni disfrazar el rostro, ni cubrir nuestra frente
con laurel ni coronas, desnudas nos darán
las palmas de las manos para que las llenemos
con pompas de jabón en las tardes de luz
que dan color a todo, quedando entre los dedos
vibrándonos el aire y el olor de la vida.
Del ocaso en la tarde sea el último respiro
de la tierra mojada cuando el sol se ha dormido.
No existirán los miedos, plantaremos raíces del hombre una vez más,
creceremos de nuevo oxigenando el hoyo donde nos enterraron,
de nuevo sentiremos los tiempos del principio, rompiendo las baldosas,
antiguos sortilegios, rescoldos de ese fuego que nació desde el odio.
Ya vendrán esos tiempos que los sabios vaticinan,
cuando desaparezcan los tayos con espinas
y pétalos de rosa sean esas sonrisas que hubieron de ser siempre
relegando a la muerte el destierro y sus sombras,
ser y estar despiertos de nuevo, caminar a horizontes
con las nuevas raíces que hubieron de ser siempre
y arrojamos al barro.
Ya vendrán, ya vendrán los tiempos de alegrías
cuando aquellas tristezas se mueran en la noche
y los tristes no vuelvan y mueran para siempre.
Chema Muñoz©